martes, 19 de junio de 2012

Lo que no se usa se atrofia...

Hubo un tiempo en que quise ser toda una ama de casa, un SEÑORA. Entonces me esmeraba y ponía mis mejores esfuerzos en cocinar, por ejemplo.
Tiempo después y terapia mediante, acepté que las tareas de la casa en general y cocinar en particular no me gustaba ni un poco. Entonces cambié la estrategia.
Comencé una campaña de marketing negativo, asegurando que yo no cocinaba ni bajo tortura y que además era una perfecta inútil en las artes culinarias.
El objetivo estaba clarísimo:  generar la expectativa más baja posible (sabiendo en el fondo que me defendía y que no lo hacía tan mal), para así, ante la menor elaboración de alimentos, recibir los honores como si se tratara de cruzar el Río de la Plata nadando y que además fuera interpretado como el más sublime de los actos de amor.
Durante un tiempo funcionó.
Hubo un tiempo, en que bastaba una noche de chat para que un señor se rindiera ante mis encantos (?) y bastaba un solo amanecer juntos para que se hiciera mi novio y estuviera dispuesto a quererme...


Pues bien...
Debo decir que he perdido el toque:
Cada vez cocino peor. 
Los fideos se me pasan, el arroz me sale duro y nunca le pego a la cantidad de sal.



(¿Existirá alguna relación entre mi perdida capacidad de cocinar y la de enamorar señores?)

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