miércoles, 16 de noviembre de 2011

Dos días en la vida...

Todo empezó poco después de una trasnochada y casi al amanecer en una terminal de ómnibus. (O quizás fue veinte días antes anunciándose por mail).
Continúo con interminables mates, bizcochos, risas , abrazos y esas charlas que solo las mujeres podemos sostener durante horas. Charlas en las que se mezcla lo serio, lo absurdo y lo bizarro con la naturalidad con que el sol aparece por el este.
De las picardías sutiles devinimos en guarangadas que, de solo pensarlas, deberíamos pagar una multa al COMFER. 
Del mate en el sillón devinimos en una fiesta hasta la siguiente madrugada.
De ahí vuelta a la terminal a buscar a la que nos estaba faltando, para empezar de nuevo todo el ritual del mate - charla- abrazos - risas, hasta que se impuso tan merecida SIESTA.
De la siesta emergimos para recibir visitas, de caballeros en este caso, que cada uno vino a traer más y más risas.
Al mate le siguieron las cervezas y los paseos al sol, y así fuimos llegando una vez más a la terminal, pero esta vez para la despedida.

Como saldo me quedé con la certeza de que me gusta mucho más ir a la terminal a recibir gente , aunque tenga que madrugar, que ir a despedirla, con la amenaza que muchas de mis palabras serán publicadas en un blog, con la comprobación de que las distancias son muy grandes, con la sensación de que días como estos son los que le dan sentido al resto y con una alegría infinita en el corazón.


3 Hacen conmigo:

Café (con tostadas) dijo...

'te veo ahí en media hora, no te olvides!'

y sí, es mejor recibir que despedir... pero sólo cuando la compañía la rompe!!!! ;)

fea dijo...

solo "dos días" bastaron para descubrir que los gatos, no me caen taaaan mal.

Lara dijo...

Café: SI. LA COMPAÑÍA LA ROMPIÓ!!!

Feín: te está haciendo falta más terapia gatuna...
Y más horas de "gateo" ;)