Entre los objetivos para este año, el 31-12 juré firmemente sobre el daiquiri de melón, que iba a reducir la virtualidad e intentar fomentar vínculos más reales, con personas de verdad.
Siguiendo esa línea, fue que se realizaron las
Ladies's blogger nigth y el
"tecito" que compartimos con Fea la semana pasada.
Si bien esto se enmarca en el proyecto
"Volvamos a vernos las caripelas", no es a esto a lo que me voy a referir, sino a un capitulo particular de dicho proyecto al que podríamos llamar
"Basta de novios virtuales que prometen amor incondicional y la posta es que no están y aguanten los hombres reales a los que se los puede tocar y besuquear a mi antojo o casi."Siguiendo un principio del fen shui que dice algo así como que hay que despojarse de lo que no sirve para dejar lugar para que llegue lo que si sirve, de repente y casi sin esfuerzo dos de los antiguos novios virtuales fueron dados de baja casi simultaneamente. Uno por indiferente y el otro por demandante (dicho así, parece el colmo del gataflorismo, jajaja).
Tal como auguraba el Fen Fhui, dichos personajes fueron rápidamente reemplazados por otros, más reales y con un nivel de interés más parecido al mio.
Hasta acá, nada mal.
Ultimamente, estoy cada vez más convencida que la vida es un juego y que las personas somos juguetes con los que los caprichosos
Oberón y Titania se divierten.
Sin duda eso fue lo que pasó en aquel Viaje de una Mañana de Verano, ya que de otro modo, lo sucedido no tendría explicación.
A continuación los hechos:
Una de estas mañanas, en las que la temperatura amenazaba con aniquilar a la humanidad (más si una viaja en el Sarmiento, como es el caso), partí de mi casa, hecha una verdadera mariposa: perfumada, femenina, luciendo bronceado en piernas y hombros... un verdadero encanto.
El motivo de semejante derroche de glamour era, claramente, que en la estación me aguardaba, cual Penélope, un caballerito, con quien se había iniciado hacia muy poco tiempo un lindo coqueteo.
Hasta ese momento no había nada definido entre nosotros, salvo las evidentes y francas sonrisas que intercambiábamos cuando nos veíamos.
Podemos decir que había una ondita.
Al cruzar el molinete de la estación compruebo con sorpresa, que el desquiciado de Oberón y la reventada de Titania, evidentemente se levantaron aburridos y decidieron joderme la vida a mi, al menos durante un rato.
Los ojos con los que me encontré, no fueron los de Caballerito, sino los de
Mocoso Atrevido, uno de los ex novios virtuales, a quien le había dado la baja por indiferente.
Como si esto fuera poco, también estaba Caballerito, sentado esperándome.
El resultado, fue un ameno viaje en tren los tres juntos. SI ... LOS TRES JUNTOS... Durante el cual yo no sabía si fingir un desmayo cual tuberculosa del renacimiento para que me asista el sistema de salud pública o saltar del tren en movimiento para quedar verdadermente inconsciente y despertar dentro de 10 o 15 años cuando nadie se acuerde de mi, y aprovechar la volteada para adquirir una identidad falsa.
Como si la situación no fuese lo suficientemente bizarra, todavía faltaban dos detalles para nada menores:
Uno fue descubrir, los tres juntos, que ambos niños (porque además son muy jóvenes los desgraciaditos) viven en el MISMO EDIFICIO... (hay que tener mala suerte... mirá que es grande la ciudad).
Y el otro, fue tener que soportar las miradas de ambos,recorriendo mi bronceado cuerpecito, y diciendo a coro "taaas quemadiiitaaa, tas leeeeeendaaaaa", que aunque alimentaron mi vanidoso ego.... fue altamente perturbador.
Y el día recién comenzaba.
A manera de conclusión, prometo no hacerme más la linda con muchachos que viajen en el Sarmiento, o que al menos se suban en la misma estación que yo. Y si lo vuelvo a hacer, que Oberón y Titania me lo demanden.